11 de diciembre de 2014

#DéjalaElegir


El día de ayer hice algunas declaraciones en Facebook sobre mis consideraciones acerca del aborto y por las respuestas que recibí estoy segura que debe haber una carta camino al Vaticano con intenciones explicitas de condecorarme como el Anti-Cristo. La verdad es que aún me sorprende no haber encontrado una manifestación frente a mi casa con carteles diciendo que soy una asesina en potencia y que las feministas somos la perdición de la sociedad. Precisamente ese es el problema del diálogo con respecto a la legalización del aborto. Se habla mucho desde las pasiones y se pierde de foco que no se discute la imposición de un tratamiento médico sino la libertad que debe tener una mujer de optar por someterse a éste o no. Estar en contra del aborto no significa que el Estado no deba ofrecer a las mujeres la oportunidad de decidir sobre sus vidas.

4 de agosto de 2014

La apología de las chapiadoras

Todos hemos reído alguna vez con las imágenes que andan en internet sobre las chapiadoras[1] -esos malditos cueros que solo beben Moet y no salen de una discoteca. Muchos, se han hecho reproductores de estas burlas (mi última búsqueda de #Chapiadoras en Instagram arrojó nada más y nada menos que 5,388 posts). Pero pocos nos hemos detenido a pensar que estos chistes no son tan inofensivos como parecieran serlo a primera vista. Hay una serie de premisas subyacentes que, de ser analizadas, le roban toda la gracia que pudieran tener los populares #Chapiadora #DitaChapi #ChapiadorasBeLike #ChapiadorasTeam y demás. El término “chapiadora” cuestiona la humanidad misma de las mujeres que, una vez encajan dentro de este calificativo, ya no son mujeres, son cosas que uno puede herir y pisotear. Se pierde completamente de vista que la dignidad humana es inalienable y vuelven a resurgir, con fuerza renovada, todos los prejuicios de género contra los que las mujeres llevamos años luchando.



27 de junio de 2014

En mi caja de Pandora

La sociedad nos ha hecho expertos en ocultar nuestros miedos e inseguridades como si estuviésemos obligados por alguna norma a ser indoblegables. Los miedos se nos presentan como la antítesis de la fuerza, y en cierto modo lo son, pero los miedos no nos hacen débiles, nuestra incapacidad de aceptarlos sí. Auto negarse el permiso de romperse y quebrantarse es un ejercicio exhaustivo y absorbente que nos va haciendo demasiado duros por fuera y muy frágiles por dentro; porque nunca tenemos la oportunidad de volver a ensamblar una mejor versión de nosotros mismos.

18 de noviembre de 2013

La fidelidad, una leyenda?

Creo que existe un consenso generalizado, al menos teóricamente,  en el entendimiento de que la fidelidad es uno de los muchos componentes del amor y un requisito básico para una relación de pareja saludable. Sin embargo, me parece aterrador lo subjetivo que este concepto puede ser en el día a día. Sin importar qué tan importante se considere la lealtad, veo constantemente a hombres y mujeres (pero sobre todo hombres) buscar fuera de sus matrimonios y relaciones sólo sabe Dios el qué. Pareciera que la vara de la moralidad es más flexible cuando de fidelidad se trata. Al menos una vez a la semana recibo noticias de relaciones que terminan, aunque sea temporalmente, porque uno de los dos no pudo respetar el lazo que los unía; o, en su defecto, soy yo misma el blanco de comentarios sugestivos por parte de personas involucradas formalmente en relaciones sentimentales. Por eso, antes de aventurarme en otra montaña rusa de emociones y de volver a aficiarme ya ustedes saben cómo, siento la urgente necesidad de comprender si la fidelidad es algo más que un ideal imposible.