16 de septiembre de 2015

La mujer del César

Desde que inicié mi vida de adulta y me he venido consolidado como profesional he recibido muchos consejos; unos muy buenos, otros no tanto, pero uno, en particular, se ha convertido en una constante. Cualquiera pensaría que este consejo en específico se refiere a mi desarrollo profesional o a mi formación académica, algo como “nunca dejes de estudiar” o  “procura que tus ambiciones sigan creciendo” o “asume tus logros con humildad” o algo por el estilo. Sin embargo, el consejo de vida que escucho con más frecuencia es que no deje que un hombre sepa nunca mi nivel de autosuficiencia.