16 de septiembre de 2015

La mujer del César

Desde que inicié mi vida de adulta y me he venido consolidado como profesional he recibido muchos consejos; unos muy buenos, otros no tanto, pero uno, en particular, se ha convertido en una constante. Cualquiera pensaría que este consejo en específico se refiere a mi desarrollo profesional o a mi formación académica, algo como “nunca dejes de estudiar” o  “procura que tus ambiciones sigan creciendo” o “asume tus logros con humildad” o algo por el estilo. Sin embargo, el consejo de vida que escucho con más frecuencia es que no deje que un hombre sepa nunca mi nivel de autosuficiencia.


Aunque el “consejo” por si mismo es alarmante, resulta igualmente preocupante la reiteración con la que me encuentro con él en Twitter, Instagram, o en la más casual de las conversaciones. Desde “mi mamá me enseñó que a los hombres hay que dejarlos que resuelvan” hasta “yo normalmente no digo que tengo dos postgrados” se va construyendo un orden social en el que la mujer del César debe ser incapaz o al menos aparentarlo.

La verdad tras bastidores es que se cree que los hombres prefieren a las mujeres menos independientes frente a aquellas que pueden valerse perfectamente bien por sí solas -y que conste que esto no es un tema únicamente económico. Es un hecho incuestionable que la desigualdad en la concentración del poder ha sido un componente clave en las relaciones de género desde tiempos inmemorables. La ampliación de las libertades de la mujer, su inserción en el mercado laboral y su avasallante presencia en las universidades de todo el mundo han cambiado paulatinamente esta realidad, pero no sin encontrar resistencia en el camino.

Lo cierto es que la masculinidad, en especial en países latinoamericanos, viene inexorablemente vinculada a roles de mando, autoridad, poder, suficiencia, liderazgo y prestigio. En la medida en que la mujer gana terreno en el área profesional y académica entonces pareciera amenazar los pilares que sostienen la identidad masculina; se entiende como que la mujer se “masculinizara” mientras se convierte en un macho de mujer, cuando ninguno de los sustantivos enunciados anteriormente debería ser distintivo de un género en especifico.

Lamentablemente, y confieso que hablo desde mi experiencia personal en esto, nada inquieta más a un hombre que sentirse opacado tras la sombra de su mujer. Ustedes saben que para muchos machos alfa salir con una jeva que gane más o que tenga una mejor posición que ellos es, en el mejor de los casos, un incentivo para superarse y superarla, pero raras veces para admirarla en su grandeza.

También confieso que una que otra vez he intentado llevarme de consejos y jugar a la estúpida mientras me muestro maravillada por los conocimientos de otros, como si yo no hubiese leído ya al menos 3 artículos sobre el tema en discusión, así como he pedido ayuda para resolver problemas que yo hubiese solucionado bien por mi cuenta. Lo más triste es que hay mujeres para quienes esto de ser pavo real sin enseñar nunca el plumaje es una costumbre. Aconsejadas por sus madres o sus abuelas, se les arrebata el permiso de saborear y exhibir sus logros, para permitir que otros se alimenten de sus aparentes debilidades.

Sin embargo, nada de esto debería sorprendernos. Nos han hecho creer que el hombre y la mujer nacieron para complementarse. Según esta concepción no hay espacio para iguales en una relación y si a uno le corresponde el liderazgo, al otro debe corresponderle la servidumbre; si uno debe dominar, el otro debe ser sumiso… pero hasta cuándo?

La próxima vez que sus mamás, hermanas, tías, amigas les digan que al hombre hay que “dejarlo ser hombre”  porque “ellos le salen corriendo a las mujeres que son demasiado independientes” respóndanles con cortesía que no importa, de todas formar ninguna mujer de vanguardia anda buscando a un retrógrada. Todos juntos podemos preparar nuevos cimientos sobre los cuales edificar nuevas concepciones del mundo, de la vida, de las relaciones entre hombres y mujeres, en las que empequeñecernos no sea jamás un consejo y el poder no sea más un juego de suma cero.

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1 comentario:

  1. Conchole, buen artículo. Empecé a leer tu blog por recomendación de nuestro amigo en común, Jaime. Me gustaría que pudieras desarrollar tus ideas respecto a esto porque la conclusión llegó muy rápido. Tambien me gustaría, si tienes tiempo, que le leyerás este que escribí y me dieras tu opinión.http://gentedeotrosiglo.blogspot.com/2015/01/la-masculinizacion-como-mecanismo-de.html?m=1 Gracias de antemano.

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