23 de julio de 2012

El derecho a equivocarse.- (Parte I)


Es difícil imaginar qué tan enriquecedor puede ser hablar con alguien que sostiene un punto de vista absolutamente distinto al tuyo hasta que hay que hacerle frente a un debate que puede incluso cuestionar tus principios más sagrados. Por supuesto, solo puede entablarse una discusión de este tipo partiendo de la premisa de que es imposible asumir que existe una verdad universal cuando claramente las diferentes regiones del mundo sostienen una creencia diferente.


Hace poco más de un año conocí a alguien a quien aprecio muchísimo y con quien he sostenido las argumentaciones más acaloradas y férreas de mi vida. Como quizás ustedes ya lo habrán notado soy una feminista y él pues, es musulmán. No creo que haga falta entrar mucho en detalle sobre la dirección hacia donde suelen encaminarse nuestras tertulias. Sin embargo, hay algunos puntos que quisiera rescatar y compartir con ustedes, mis amigos lectores. Siempre que se pone sobre la mesa el tema de la liberación occidental versus el tradicionalismo oriental uno de los principales argumentos que se trae a colación es el de las altas tasas de divorcio y embarazo juvenil que experimentan las sociedades que han logrado deshacerse de prejuicios y roles de género; además de una supuesta y aparente superioridad moral que también discutiré en lo adelante.

A pesar de que no manejo con exactitud las cifras, en honor a la verdad debo dar crédito a las aseveraciones de mi amigo: los países árabes disfrutan de índices de divorcios y embarazos juveniles casi nulos. Sin embargo, me resulta altamente cuestionable la validez de dichas estadísticas para afirmar que por ello son sociedades más “morales” y justas. Hay que empezar por el reconocimiento de que las cosas funcionan de dicha manera porque la propia cultura ha eliminado la posibilidad de que exista una alternativa. Las familias árabes se divorcian menos porque sus sociedades castigan el divorcio de la misma forma en que las nuestras castigan la opresión, por ejemplo. Las jóvenes no quedan embarazadas porque según sus tradiciones la mujer no tiene siquiera derecho a decidir sobre cómo vivir y disfrutar su propia sexualidad. El mantenimiento de apariencias es más importante para una cultura/religión que persigue la perpetuación del status quo por encima de la voluntad de sus adeptos; quienes por cierto, son musulmanes de nacimiento y es casi un pecado capital el abandono de la religión.

La tan aclamada moral y seriedad se convierten en una imposición cuando deberían ser una elección tomada por convicción propia.  Es una especie de encarcelamiento social que condena cada año a millones de mujeres a vivir una vida sobre la cual tienen poquísimo control. No sé ustedes pero yo no imagino una esclavitud peor que ser privada del derecho a elegir y a equivocarme… por ser mujer. Los “valores” se convierten entonces en un método de opresión social que obligan a las mujeres a mantenerse al margen de sus circunstancias, subyugadas ante reglas dictadas por hombres y acatando tradiciones para no tener que sobrellevar un descredito público, el destierro o hasta la muerte.

Mi consuelo es que el mundo ha progresado extraordinariamente en las últimas décadas y a pesar de que hay quienes se resisten al cambio, la gran mayoría va pujando hacia un mundo donde la mujer y el hombre disfruten de libertades plenas y derechos humanos consagrados. Nos hemos ido acercando a sociedades en que somos valorados en la justa dimisión de nuestras capacidades, en lugar de ser estigmatizados por tabúes retrogradas que han servido únicamente para perpetuar la dominación de un genero sobre otro. 

Pamela Martínez Achecar

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5 comentarios:

  1. Las discusiones religiosas sobre el tema de género siempre son enriquecedoras, aunque a veces desgastantes cuando son con fundamentalistas, no sólo con musulmanes, la mayoría de religiones perpetúan esa visión machista y patriarcal sobre la mujer. Hay un libro muy bueno que te recomiendo, trata sobre la imagen que la iglesia católica ha impuesto sobre la mujer. El autor es Guy Bechtel y el título del libro es "Las Cuatro Mujeres de Dios: la Puta, la Bruja, la Santa y la Tonta". Saludos desde Honduras. Luego te comparto mi blog, que lo tengo con telarañas pero el leerte motiva a seguirlo.

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  2. No dudes que voy a buacar el libro ya mismo. Leí uno de Jessica Valenti que se llama Te Purity myth que desmantela toda la cultura se opresión que se esconde detrás de "la virginidad" presentada como una virtud. Tan pronto tengas tu blog en marcha espero lo compartas conmigo y que vengas pronto a RD! Besos.

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  3. Yes! hay que compartir lecturas, genial que ahora busco ese libro que tu mencionas también. He tratado de darle nueva vida a mi blog, aún trabajo en eso, lo puedes ver en mi perfil al dar clic donde dice página web. Y pues la visita a RD, sólo será que me inviten!! jajaja. Besos

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  4. micely Diaz Espaillat17 de agosto de 2012, 11:48

    felicidades por tu iniciativa!

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  5. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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