3 de septiembre de 2012

¿Sicariato > Policía?


El lamentable caso de José Carlos Hernández ha consternado a toda la sociedad dominicana; no solo por la crueldad del homicidio sino por la naturaleza del crimen. Hasta el momento, la Policía Nacional solo ha revelado que tres asesinos a sueldo fueron contratados para matar a los presuntos violadores de una joven de 20 años, cuya identidad aún permanece desconocida y quien cometió el pequeñísimo error de confundir a sus victimarios por un joven inocente.


La inseguridad ciudadana parece estar creciendo exponencialmente y la Policía Nacional muestra ser cada vez menos competente para hacer justicia y detener esta ola de peligro y pánico que está ahogándonos a todos los dominicanos. Con cada titular sobre violencia vamos perdiendo poco a poco la confianza en nuestras instituciones, especialmente en aquellas que tienen la tarea de asegurar que este país sea medianamente habitable. Esta falta de credibilidad en la PN y el Ministerio Publico, combinada con rabia, miedo y sed de justicia, es lo que origina hechos tan desafortunados y trágicos como el acontecido el pasado sábado 1ero de Septiembre.

Soy una estructuralista de nacimiento, por tanto, me es imposible evaluar el delito como un hecho aislado en lugar de considerarlo como un fenómeno social, resultante de una dinámica mayor y claramente disfuncional. Con esto no pretendo excusar de ninguna forma los hechos -en mi opinión,  tanto el cerebro detrás de la muerte de José Carlos como los perpetradores del delito, merecen la pena máxima (y conste que estoy siendo sumamente conservadora con la sentencia). Sin embargo, me arriesgo a afirmar que quizás si la Policía Nacional y demás órganos del Estado hicieran su trabajo oportunamente, la ciudadanía no consideraría necesario asumir la delicada tarea de dictar un veredicto y asegurar que se cumpla.

Si bien es cierto que el sicariato no es una práctica nueva ni exclusiva de nuestra sociedad, no es menos cierto que es directamente proporcional a la conformidad que sientan las personas con su sistema policial, judicial y penal. Aunque “hacer justicia” no es la única causa de los asesinatos a sueldo, es una de las principales, por lo que lo que la muerte de José Carlos es una alerta roja, no solo para la población sino también para nuestros mandatarios. Mientras nuestros policías sean delincuentes uniformados, nuestros jueces vendan su criterio al mejor postor y una gran parte del sistema sea cómplice por obra u omisión de las barbaries que ocurren en este pedazo de isla, la población querrá tomar el toro por los cuernos y hacer por cuenta propia lo que entiende que debería estar haciendo la Policía.

No es ni necesario que mencione las implicaciones de un escenario semejante, se hicieron evidentes este fin de semana. Nada menos que 27 puñaladas le quitaron la vida a un joven de 23 años, en un intento fallido de cobrar venganza por una violación sexual, de la que ¡oh! ¡Sorpresa! él no fue responsable. No obstante, permítanme irme un poco más lejos… aun se hubiese asesinado al verdadero autor, lo que ocurrió no deja de ser sumamente alarmante. Se está originando un ciclo de personas que se convierten en víctimas y más tarde en victimarios por la misma razón: las leyes no le garantizan seguridad ni justicia a nadie.

Entiendo que es urgente una reestructuración de la Policía Nacional y la implementación de una política de Tolerancia 0 con la violencia y la delincuencia, empezando por una depuración y sometimiento de los encargados de mantener el desorden y la injusticia con una placa en el pecho. Además, si la nómina de la PN estuviera llena de verdaderos agentes y no de botellas, tal vez se dispondría de los recursos humanos suficientes para dar abasto a las denuncias de la población. No puedo obviar el trabajo de personas como Yeni Berenice y otras destacadas por una profesionalidad y ética intachables, que representan una luz al final del camino; lamentablemente, hacen falta al menos 100 más como ellos para empezar a recuperar la seguridad que hace tanto hemos perdido.

Lamento muchísimo la muerte del joven José Carlos así como la de cientos de otros inocentes que han quedado fuera de la vista pública, pero mientras solo los casos que llegan a la prensa sean resueltos, el desconsuelo, el temor y la furia seguirán apoderándose de la razón y la sensatez de la personas. Si no se reforma drásticamente la institucionalidad del Estado y la Policía no da indicios de ser verdaderamente eficiente en su trabajo, en algunos años veremos chalecos antibalas y no ropa sobre los maniquíes…

Pamela Martínez Achecar 

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